[FIRMA INVITADA]: Víctor Manuel (I)

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Tony Lip (Viggo Mortensen) y Don Shirley (Mahershala Ali)

“EL OLOR A PALOMITAS Y… GREEN BOOK”

Como aficionado al jazz que soy, mientras escribo estas líneas, escucho al maravilloso Don Shirley en un viejo audio, disfrutando el crujir de cada una de las notas que me trasladan a esos locales neoyorkinos de mediados del siglo XX mientras me viene a la cabeza la famosa frase de Martin Luther King que decía algo así como que “habíamos aprendido a volar como pájaros, nadar como peces pero que aún no habíamos aprendido a vivir como hermanos”.

Basada en hechos reales la película cuenta la historia de Tony Lip, un italo-americano que se ocupa de “mantener el orden” en un club nocturno de Nueva York y que un día es contratado por Don Shirley, un virtuoso del piano y concertista de jazz afroamericano para que sea su chófer y asistente durante las ocho semanas que durará su gira de conciertos por el sur de Estados Unidos, zona complicada si no has nacido blanco -atentos a la escena más potente de la película cuando el coche en el que viajan se avería-.

Sin parecerme una obra maestra, -aunque sus dos protagonistas huelen a Oscar- es una película bastante bien construida,  valiente, elegante, incómoda y con la dosis justa de humor para que los posa manos de las butacas no acaben deformados, fruto de la rabia contenida por el espectador.

Este film me parece un perfecto manual de psicología cognitiva, que a través de varias de sus escenas nos regala una historia que enorgullecería al mismísimo Albert Ellis. La química entre los dos protagonistas es brutal, y me recuerda por momentos a la gran película francesa “Intocable”. La vida y las relaciones entre personas deberían ser más fáciles, sin histrionismos ni fuegos de artificio. Los protagonistas sienten como va cambiando su manera de percibir la realidad, su realidad y las relaciones humanas, para comprobar que cuando, a su regreso, vuelven a cruzar el puente de Brooklyn ya no son los mismos. Con guiño final a la maravillosa “Mejor solo que mal acompañado” de John Hughes (1987).

Qué dañinos son los prejuicios, cuánto dolor causa la intransigencia, la ignorancia y la cobardía. Cuánto dolor provoca la hipocresía disfrazada de cultura, la cultura como excusa para limpiar conciencias y las conciencias al servicio de la estupidez humana. Mientras el Shirley artista es idolatrado el Shirley persona es humillado y denostado. Y sesenta años después seguimos tropezando en la misma piedra.

No entiendo de cine más allá de lo que pueda entender un simple espectador, pero en este primer “olor a palomitas” pretendo trasladar mi impresión acerca de una película que me ha emocionado, que me ha hecho descubrir a un muy buen actor que en una semana hará doblete en cartelera con Alita: Ángel de combate como es Mahershala Alí -a Mortensen ya tenía el gusto de conocerlo- y que es capaz de conseguir que apenas pestañee en cada plano en el que aparece en esta película.

Bienvenidos a ese cine que es un tesoro y que para acceder a él necesitas excavar con las manos en la tierra porque sabes que está ahí, casi en la superficie, pero que si no te las manchas un poco te quedas sin él. Siempre sobrevolará sobre esta película la controversia de la verosimilitud de todos los hechos que en ella se narran pero de lo que no tengo duda es de que aún queda mucho por hacer para que el sueño de Luther King se haga realidad.

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